Una mirada a nuestras emociones





[justify]1. Las emociones no son buenas ni malas, son.


Es más, seguro que te suenan familiares escenas como las siguientes:
1) ¿Estás triste? venga, va, vamos a ponerle remedio que además llorar es de débiles.
2) ¿Tienes miedo? pues no deberías: no hay absolutamente nada que temer. A ver si ahora resultarás ser una gallina.
3) ¿Te puede el enfado? Relájate, que además no es una postura muy zen. Ohmmmm.

Pero es que el miedo, la ira y la tristeza ayudan a ser quien eres y a conectarte con tu esencia, las emociones que te
posibilitan recuperarte de una pérdida, de reconectarte con el entorno o de eludir de un peligro.

Recupera algún recuerdo e identifica si es el resultado de un cúmulo de emociones distintas.
¿Realmente te permites sentirte triste, con enfado o con miedo?

2. Las emociones se gestionan a través de un panel de control.

Las emociones se van alternando pero puede que una sobresalga, que tenga un papel más protagonista.

¿Quién controla tu panel? ¿Qué emoción está en los mandos?
¿Alguna vez su poder tambalea y dejas que alguna de las otra emociones coja el relevo?
Quizás es una buena pregunta para hacerte cuando reacciones frente a una situación de estrés sin pensar mucho o
para iniciar una conversación con alguien.
Para un momento e identifica cuál es tu emoción predominante.
[b]3. Las 5 emociones principales y cómo escucharlas.[/b]

En la brigada de control encontramos 5 emociones al cargo: Alegría, Tristeza, Ira, Miedo y Desagrado.

Aprendemos que:

1) Si dejamos mucho tiempo que la ira esté a los mandos, el panel puede dejar de funcionar. ¿No te pasa que a veces en un ataque de enfado no ves nada claro y la lías incluso más?
2) El miedo es bueno en su justa medida, cuando te previene de peligros reales, no inventados.
3) No tienes que forzarte a estar alegre todo el día, incluso la tristeza tiene cabida en la felicidad.
5) El desagrado te aparta de todo que no resuena contigo y de aquello que no te sienta bien. (De las 4, es la que menos me queda clara. Habrá que explorarla un poco más).
4. Las piezas encajan cuando Alegría le da lugar a la Tristeza.
5. No fuerces la alegría si no te sientes alegre.


Aunque seas de naturaleza alegre (que siempre es mejor, claro) no pasa nada si tienes un momento de tristeza

6. Las islas de la personalidad tienen las claves de tu identidad.
¿Qué te mueve en la vida?
identificando tus intereses, tus recuerdos te conoces un poco más y darás con ellas.

7. Los recuerdos esenciales definen lo que eres.
¿Te imaginas cuántos recuerdos tenemos guardados?

La mayoría son inservibles, otros son recuperables, y algunos (los menos), son los que podemos definir como esenciales.
Estos últimos son lo que forjan lo que somos y los que asientan las bases de lo que seremos.
Los recuerdos esenciales pueden ser positivos pero también pueden ser negativos.
Lo ideal sería que los positivos ganaran en número. ellos forjan nuestra personalidad y cómo percibimos el mundo y nuestra identidad, mejor que sean positivos.
8. Aunque no los percibas, los recuerdos siempre están ahí.
la mente es como un pinball enorme en la que los recuerdos son pequeñas bolas luminosas de colores que se organizan en el banco MLP (Memoria a Largo Plazo).
Según la emoción más relevante del recuerdo la bola tiene un color u otro.
Están ahí olvidadas en el banco pero, a veces, el control de mando rescata alguna de ellas para poner sentido al presente.
Representan los recuerdos nostálgicos, aquellos que nos llevan al pasado y en los que se entremezclan pinceladas de emociones distintas.

9. Los cambios suponen retos pero te ayudan a crecer.

todos los cambios requieren un proceso y un tiempo de aclimatación.
Frente los cambios, apertura, tiempo y flexibilidad.
10. Cada persona, tiene una mente, y una brigada de control distinta.

Cada uno se relaciona con los otros desde recuerdos, experiencias, interpretaciones y prioridades distintas.
La realidad no es igual para todos y el reto es entendernos. De ahí la importancia de la empatía.

Hay que ser positivo y alegre (una buena actitud lo es todo) pero también hay que dar cabida a las demás emociones, sobre todo a la tristeza.
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